jueves, 30 de mayo de 2019

crónica de semana santa


Los niños <cruzados> de Sitio Nuevo Magdalena: una tradición latente encerrada en un mito

Por Paula salcedo


Año tras año los niños no bautizados del pueblo de sitio nuevo magdalena, son rezados y bañados en “aguas de limpieza” para evitar que las brujas se ‘los lleven’, esta es una tradición nacida de un mito en los tiempos de los tatarabuelos.


6:30 am la familia despierta justo antes de salir el sol, justo al cantar del gallo, se siente el fresco de la mañana y el olor a madera quemada producto de la fogata de la noche  anterior, la matriarca de la familia, la señora Rosalba Meriño, se levanta dando gracias a Dios, luego de lavarse el rostro lleno de arrugas, con una sonrisa brillante a la que le faltan unos dientes, pone la olla del café en el fogón de leña, “ ‘juanca’ ve con los pelaos y revisen la ‘atarraya’ ”, comienza a dar órdenes a todos los integrantes de la familia que ya están despiertos.

Mientras enciende otra hornilla de leña me dice: “A los pelaos en el monte hay que cruzarlos cuando no están bautizados, los espantos y las brujas que andan de noche reconocen cuando un niño no lo está”; comienza a moler el maíz y a calentar el agua para los bollo de mazorca, en ese instante llegan los jóvenes pescadores con el botín, “joven, venga, escoja el que más le guste”, dichosa escojo el que más bonito se ve a mi parecer, comienzan a escamar los peces y una escama del pescado le cae en el ojo ella mirándome me pide que se la retire y continua con la historia, “cómo le decía, aquí todos hemos sido cruzados, yo hasta me asegure con un punto de cruce en la espalda”, en ese instante se sube la camiseta y me muestra una marca parecida a un tatuaje en la parte de la escapula, ”espero que todos mis nietos sigan con la tradición, y no lo dejen perder”.



Al medio día, el sol inclemente comienza a hacer estragos en el cuerpo, aquí solo se escucha el canto de los pájaros y el rebuznar de los burros, reunidos en el rancho escucho como los jóvenes hacen alardes de sucesos paranormales que han vivido en sus faenas matutinas, “mi abuela me dijo no te vayas pal´ monte hoy, ve que es viernes santo, yo todo macho man, ensille el caballo y arranque a eso de las siete, en el camino el animal se había puesto brioso y no quería avanzar, yo todo terco comencé a pegarle para que caminara y el pobre animal asuta´o me tiro al suelo, cuando levante la mirada, había una <vaina> en un <palo> de trupillo, parecía un pájaro pero tenía el tamaño de un niño de tres años, en esos momentos me asuste, recordé un rezo que me dio mi abuela y la <joda> esa se fue”; los vellos del cuerpo se me erizaron.

Según explica la señora Rosalba, para cruzar a un niño se necesitan varias cosas, “ eso depende de qué clase de cruce se haga, si es para un niño de más de un año que no está bautizado se necesita un limón, al santero y una virgen, se corta el limón en cruz y mientras el santero da un rezo quemando una mata de <matarraton> la virgen camina en cruz sobre el niño exprimiendo el limón en las puntas”; “si es para un bebé, se le reza una <manillita> de nailon rojo y se le cruza una tijera bajo el colchón donde duerme, esto aleja a los espíritus de los bebés, es cómo un repelente”.



Tanto las nuevas como las antiguas generaciones han pasado por este ritual de “cruzarse”, muchos de ellos no creen en estas cosas, pero aun así lo hacen en respeto a las   tradiciones familiares.

Carlos Pacheco “El Chema”, es el santero del pueblo, tiene 65 años, de los cuales lleva más de 50 rezando y cruzando a los niños del pueblo y sus alrededores, es conocido por todos, con su cabellera canosa y sus dientes  chuecos  y amarillos, carga en el cuello infinitud de collares con cuencas de todos los colores, el solo verlo genera curiosidad, su manera de hablar es calmada  y pausada, sin rechistar responde mis preguntas. Me concede una entrevista a eso de las 3 de la tarde, bajo un árbol sentado en una butaca.

Él me explica que esto es más  que una simple tradición, es parte de su vida y la de los habitantes de Sitio Nuevo, “esto  es parte de la historia de todos los que vivimos y crecimos aquí, mi papá me lo enseño y a él su papá, es mi forma de ganarme la vida”.

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