Los
niños <cruzados> de Sitio Nuevo Magdalena: una tradición latente
encerrada en un mito
Los niños <cruzados> de Sitio Nuevo Magdalena: una tradición latente encerrada en un mito
Por Paula salcedo
6:30 am la familia despierta
justo antes de salir el sol, justo al cantar del gallo, se siente el fresco de
la mañana y el olor a madera quemada producto de la fogata de la noche anterior, la matriarca de la familia, la
señora Rosalba Meriño, se levanta dando gracias a Dios, luego de lavarse el
rostro lleno de arrugas, con una sonrisa brillante a la que le faltan unos
dientes, pone la olla del café en el fogón de leña, “ ‘juanca’ ve con los
pelaos y revisen la ‘atarraya’ ”, comienza a dar órdenes a todos los
integrantes de la familia que ya están despiertos.
Mientras enciende otra
hornilla de leña me dice: “A los pelaos en el monte hay que cruzarlos cuando no
están bautizados, los espantos y las brujas que andan de noche reconocen cuando
un niño no lo está”; comienza a moler el maíz y a calentar el agua para los
bollo de mazorca, en ese instante llegan los jóvenes pescadores con el botín,
“joven, venga, escoja el que más le guste”, dichosa escojo el que más bonito se
ve a mi parecer, comienzan a escamar los peces y una escama del pescado le cae
en el ojo ella mirándome me pide que se la retire y continua con la historia,
“cómo le decía, aquí todos hemos sido cruzados, yo hasta me asegure con un
punto de cruce en la espalda”, en ese instante se sube la camiseta y me muestra
una marca parecida a un tatuaje en la parte de la escapula, ”espero que todos
mis nietos sigan con la tradición, y no lo dejen perder”.
Al medio día, el sol
inclemente comienza a hacer estragos en el cuerpo, aquí solo se escucha el
canto de los pájaros y el rebuznar de los burros, reunidos en el rancho escucho
como los jóvenes hacen alardes de sucesos paranormales que han vivido en sus
faenas matutinas, “mi abuela me dijo no te vayas pal´ monte hoy, ve que es
viernes santo, yo todo macho man, ensille el caballo y arranque a eso de las
siete, en el camino el animal se había puesto brioso y no quería avanzar, yo
todo terco comencé a pegarle para que caminara y el pobre animal asuta´o me
tiro al suelo, cuando levante la mirada, había una <vaina> en un
<palo> de trupillo, parecía un pájaro pero tenía el tamaño de un niño de
tres años, en esos momentos me asuste, recordé un rezo que me dio mi abuela y
la <joda> esa se fue”; los vellos del cuerpo se me erizaron.
Según explica la señora
Rosalba, para cruzar a un niño se necesitan varias cosas, “ eso depende de qué
clase de cruce se haga, si es para un niño de más de un año que no está
bautizado se necesita un limón, al santero y una virgen, se corta el limón en
cruz y mientras el santero da un rezo quemando una mata de <matarraton>
la virgen camina en cruz sobre el niño exprimiendo el limón en las puntas”; “si
es para un bebé, se le reza
una <manillita> de nailon rojo y se le cruza una tijera bajo el colchón
donde duerme, esto aleja a los espíritus de los bebés, es cómo un repelente”.
Tanto las nuevas como las
antiguas generaciones han pasado por este ritual de “cruzarse”, muchos de ellos
no creen en estas cosas, pero aun así lo hacen en respeto a las tradiciones familiares.
Carlos Pacheco “El Chema”,
es el santero del pueblo, tiene 65 años, de los cuales lleva más de 50 rezando
y cruzando a los niños del pueblo y sus alrededores, es conocido por todos, con
su cabellera canosa y sus dientes
chuecos y amarillos, carga en el
cuello infinitud de collares con cuencas de todos los colores, el solo verlo
genera curiosidad, su manera de hablar es calmada y pausada, sin rechistar responde mis
preguntas. Me concede una entrevista a eso de las 3 de la tarde,
bajo un árbol sentado en una butaca.
Él me explica que esto es más que una simple tradición, es parte de su vida
y la de los habitantes de Sitio Nuevo, “esto
es parte de la historia de todos los que vivimos y crecimos aquí, mi
papá me lo enseño y a él su papá, es mi forma de ganarme la vida”.



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